Villa de A Guarda

La historia de la villa de La Guardia está en gran medida condicionada por su emplazamiento geográfico privilegiado. Lugar estratégico con abundantes recursos naturales ideal para el asentamiento humano y las fricciones políticas entre estados.

El inicio de la historia de La Guardia empieza con los primeros restos humanos encontrados en la zona. Concretamente fueron en las distintas terrazas que conforman el valle del río Miño donde, sobre el 10.000 a.C., empezaron a asentarse grupúsculos de hombres primitivos, en la falda del Monte Tecla que llega hasta el río. Fueron homínidos que se expandieron por el valle y por la costa próxima, zonas propicias para la subsistencia.

El siguiente capítulo fue en el Neolítico, entre el 5000 a.C. y el 2000 a.C., en el que se encontraron en distintos lugares un perfeccionamiento de la industria lítica. Lo más característico de este período son los petroglifos, grabados en las piedras con dibujos esquemáticos con gran valor documental sobre la vida de este período.

Entre el 2000 y el 1000 a.C. nos encontramos con la Cultura de Bronce en el que se manipula este mineral para hacer, tras la oportuna fundición, un amplio abanico de objetos. En estos años también se datan los primeros contactos por mar con culturas mediterráneas, primero los fenicios y, después, los griegos.

Durante el primer milenio a.C. se consolidó la Edad de Hierro que tendría como manifestación más determinante la cultura castrense. Sin duda, esta fue la etapa de mayor esplendor en la historia de La Guardia y de esto dan muestras multitud de restos, sobre todo en la abundancia de castros: Santa Tecla, A Forca, O Castro y A Bandeira. Entre ellos destaca el primero citado, datado entre el siglo I a.C. hasta el siglo I d.C., situado en las proximidades de la cumbre del monte, supone una de las muestras más significativas de la Cultura Galaico-Romana de Galicia.

La cultura de los castros fue diluyéndose con la creciente romanización. Los pobladores los fueron abandonando y comenzando a asentarse en los valles para poder cultivar la tierra. De la época romana encontramos restos en el mismo centro de la población, en el lugar de Saa, en O Castro y en Pintán. Después del siglo V llegó la conquista de los suevos que prolongarían el bienestar romano.

En la Alta Edad Media por la comarca del Bajo Miño se asentaron comunidades religiosas cristianas en varios cenobios, siendo los primeros referentes administrativos supeditados al obispo de Tuy. En tiempos de la reconquista y tras varias repoblaciones, el monarca Alfonso II concedió el coto de caza de la desembocadura del Miño al Conde de Sotomayor.

A partir del siglo XII, La Guardia estuvo bajo el resguardo de los monjes cistercienses que se emplazaron en Oia. Entre sus documentos se da buena cuenta de la próspera vida comercial que tenía la localidad. Un período del que se hará el trazado urbanístico similar al de otras villas marineras gallegas como Bayona o Noya, con unas murallas en forma de triángulo, con un lado hacia el mar y en el vértice contrario la iglesia. A finales de la Edad Media la iglesia parroquial se amplía para adaptarse al crecimiento de la población.

La cuestión demográfica será determinante en el siglo XVI con la irrupción de varias pandemias que causarán una pérdida en la población. Con licencia de Felipe II, los Sotomayor promueven un convento de comunidad de religiosas benedictinas independientes de la casa madre de San Paio de Antealtatres de Compostela.

El siglo XVII será crucial para la historia de La Guardia debido a las presiones beligerantes derivadas de la Guerra de los Treinta Años. Se construye el Castillo de Santa Cruz, una plaza militar conquistada por los portugueses en 1665. Con esta victoria La Guardia perteneció al Reino de Portugal durante tres años. De aquel tiempo también es una pequeña fortaleza ubicada en un pequeño islote en la boca del puerto, una construcción que recibía el nombre de Atalaya, elemento protagonista del escudo de la villa.

Lo más importante ocurrido en los siglos posteriores fue el descenso del nivel de vida, un hecho determinante que llevará a mucha población a emigrar a América durante el siglo XIX, sobre todo a la antilla de Puerto Rico. En 1845 se escinde el que hoy es el ayuntamiento de O Rosal, quedando La Guardia conformada en tres parroquias (Santa María de La Guardia, San Lorenzo de Salcidos y La Visitación de Camposancos). En la segunda mitad de este siglo se instalan en el lugar de A Pasaxe un importante colegio jesuita.
El siglo XX estuvo vertebrado por la fractura social que supuso la Guerra Civil Española. La Guardia se sumó rápidamente al alzamiento nacional pero el conflicto se notó sobre todo en la represión de retaguardia, paseados, fusilamientos, campos de concentración, palizas, extorsiones, exilios.

En la actualidad, superado el umbral del siglo XXI, La Guardia es una villa que sufre una reconversión en la que, tras época de esplendor en el sector de la pesca, intenta transformarse, en un ayuntamiento dedicado a los servicios, sobre todo al turismo. Página web del Concello de A Guarda.